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lunes, 20 de junio de 2016

Música unida a espiritualidad


¿Hay algo que se pegue más que una buena melodía?


Cada vez que se escucha una canción se evoca un momento, una etapa determinada de la vida, un amor que pasó…

Desde el año 1500 aC ya había constancia de la influencia de la música sobre el cuerpo humano considerándola como un agente capaz de curar el cuerpo, calmar la mente y purificar el alma.

Los griegos de la Antigüedad dedicaron gran atención a la música no sólo como instrumento para la educación sino como un recurso estimulante que mejora los estados anímicos, la memoria y la concentración.

Aristóteles fue uno de los que realizó notables aportaciones sobre la naturaleza del sonido y sus efectos sobre las emociones, el carácter, el comportamiento y la salud. El poder terapéutico de la música es incuestionable.

Pero, ¿por qué se conceptualiza la música como un alimento para el alma?

En este caso, la palabra alma se puede asociar a la consciencia, al interior de cada uno.

La música favorece la relajación, aleja los malos pensamientos y sumerge a las personas en un estado de armonía mental. Se puede decir que es un alimento que trae alegría, paz, expectación de lo bueno, y la belleza del sonido penetra en lo más profundo del ser.

Actualmente, la musicoterapia como disciplina de salud se ha extendido alrededor del mundo.

La musicoterapia reduce la ansiedad a través de la música y sus componentes. Esto aumenta el optimismo, promueve la calma y hace que los pacientes se olviden de la mayoría de sus problemas tantos físicos como emocionales, sociales y cognoscitivos. 

¿Qué es lo que hace que la música tenga un efecto sanador?

La armonía, la melodía y el ritmo tienen un efecto curativo. Escuchar música puede llevar a uno a alturas de belleza y revelación espiritual. De igual forma, contribuye a la espiritualización del pensamiento en la vida diaria y a mantener una atmósfera elevada que ayude a mantener sano el ambiente. La música resulta inspirativa y acerca a la conexión con todo lo divino, lo supremo, permitiendo llegar a un mayor entendimiento de las ideas del Alma.

La escritora Mary Baker Eddy valoraba la música y destacó en uno de sus libros, Escritos Misceláneos que “la música es la armonía del ser; mas la música del Alma aporta las únicas melodías que conmueven los acordes del sentimiento y despiertan las cuerdas del arpa del corazón”.

Puedes sentir la música en tu corazón y dejar penetrar esa armonía en el fondo mismo de tu ser. Así te sentirás sano.

martes, 31 de mayo de 2016

LA ESPIRITUALIDAD, DIMENSIÓN OLVIDADA DE LA MEDICINA

El más reciente interés por los aspectos espirituales de la medicina fue preparado por un siglo de investigación sobre la dimensión psicológica del acto médico. El acto médico reúne de manera compleja distintos tipos y niveles de conocimiento y práctica. En un extremo está la teoría, donde puede predominar el pensamiento mágico o el científico, dependiendo de si se trata de una medicina folklórica o científico-natural. En el otro extremo está el nivel empírico, el del arte médico, que reúne las habilidades prácticas y singulares, que hacen a este médico distinto de aquél. Existe sin embargo un campo intermedio, teórico-práctico, que le da unidad y coherencia al acto médico y que es el campo de lo propiamente clínico. “Kliné”, en griego=cama, es el lugar donde yace el sufriente y donde se constituye y estructura la relación médico-paciente, o sea, el lugar de los hechos, el lecho del proceso curativo. Es en el “aquí y ahora” de esta relación donde se harán evidentes las consecuencias de una u otra teoría sobre la enfermedad o el enfermarse, como también de la habilidad del médico, su “ars curandi”. En esta interacción el paciente, a su vez, recibirá la intervención médica según sus propias teorías del padecimiento, y expresará sus propios miedos y esperanzas, sus fantasías de curación y de muerte. La medicina fundada en las ciencias naturales no tiene instrumental teórico ni práctico para entender, precisamente, la naturaleza y dinámica de esta relación, ni tampoco para considerar su influencia en el desenlace del proceso mórbido. Fue el psicoanálisis, como lo concibió Freud, su fundador, el que ha aportado una teoría y una técnica que ha hecho posible entender e intervenir esta relación. La teoría científico-natural sobre el enfermarse influyó profundamente la práctica médica en todos sus niveles: el estilo de la relación médico paciente, la estructura y funcionamiento del equipo de salud, la organización social de la medicina tanto en lo asistencial como en la enseñanza y aprendizaje de la misma. Primeramente, la naturaleza misma del pensar científico reduce toda acción médica al modelo fisicalista. Inspirado en este modelo, el aprendizaje de la medicina empieza por un ciclo de ciencias llamadas básicas. El estudiante pasa largas horas frente al cadáver conociendo la estructura del cuerpo, o ante un microscopio que le muestra la anatomía de los tejidos y las células; o en un laboratorio de Bioquímica o Fisiología, donde diseña experimentos que le enseñen sobre el funcionamiento físico y químico del ser humano y la acción de agentes de la misma naturaleza sobre él. O inoculando bacterias en ratones o conejos de experimentación. Así se forma, en lo fundamental, la mentalidad médica. El cadáver y el animal de hoy prefiguran al paciente de mañana. Esto condiciona un tipo de relación médico paciente en la cual el primero es el activo y el segundo recibe pasivamente, literalmente sin moverse, la acción médica. El prototipo es el cirujano operando un enfermo profundamente anestesiado. El estudiante desarrolla así un conjunto de expectativas que lo llevan a esperar pacientes pasivos, sometidos y obedientes y a incubar un cierto resentimiento en contra de enfermos que oponen resistencia a sus directivas. A su vez, el equipo de salud se estructura en torno al médico y el resto de los profesionales pasan a ser llamados de colaboración, es decir, secundarios.7 La aplicación de la ciencia natural a la medicina da origen a criterios de clasificación de los enfermos según categorías diagnósticas. Nacen las distintas especialidades médicas, de acuerdo con el órgano, sistema o metodología en aplicación. Surgen los distintos servicios dentro del hospital: medicina, cirugía, obstetricia, etc., y los pabellones que reúnen enfermos de una misma clase. Salas de cardiopatías, de hepatopatías o enfermedades del riñón. El criterio de clasificación es la enfermedad como construcción abstracta. Consistentemente, la organización y la atención hospitalarias tienden cada vez más a burocratizarse y el trato con el enfermo se hace más y más impersonal. Aparecen las tempranas aglomeraciones frente a las puertas del servicio de Radiología, donde los pacientes esperan turno para “ser pasados por los rayos”. Se desarrollan técnicas de laboratorio, exámenes múltiples en una gota de sangre, que el paciente debe tomarse antes de consultar al médico; diagnósticos computarizados, y así hasta la fantasía de la ciencia ficción. 

Jiménez, J. P. (2005). La espiritualidad, dimensión olvidada de la medicina.Rev GPU1, 92-101.

Referencias: http://revistagpu.cl/2005/GPU_junio_2005_PDF/LA%20ESPIRITUALIDAD%20DIMENSION%20OLVIDADA%20DE%20LA%20MEDICINA.pdf